Tu presencia convertida en silencio
y tu mirada ausente me desvelan la mente:
así te entregaste a mi vida.
¿Cómo puedo ver tu rostro cuando conoces todo mi pasado?
¿Cómo puedes quererme
cuando conoces todo lo siniestro que una vez representé?
Te confié mi vida
mis silencios
mis secretos.
Te confié lo que soy.
Te recibí en las aguas donde nado
te enseñé como la cola de sirena es hermosa
pero como puede doler fingir ser perfecta.
No dudaste en escuchar cada palabra que debía decirte,
no callaste ante mis equivocaciones
y sin darnos cuenta
nos convertimos en los mejores amigos.
Confesaste un amor escondido a una chica efímera,
¿cómo esperabas ser correspondido?
Y aunque no hice más que romper tu corazón
atendiste esa noche a mi llamado.
Necesité agujas y pastillas,
una clínica y a Conan Doyle.
Necesité un mes de soledad,
las manos atadas y demasiadas enfermeras,
pero sobre todo aquello,
te necesité a ti
para entender que te amaba.
Cómo puedo zafarme de esta mándala
cuando ya sabes dónde duermo,
como se ve mi cuerpo a la luz de la luna
y donde están mis puntos débiles.
He sentido lo que es amar
pero no ser amada
hasta que fueron tus ojos los que me miraron.
Y puedo jurar que aún estás en mi cama
respirando en mi cuello.
Y puedo jurar que estás en el sillón leyendo a Jung.
Porque la distancia no existe cuando los espíritus se sienten.
Sólo espero despertar un día
y descubrir que mi trastorno no existe,
que Europa,
España,
el pueblito,
las bicicletas,
el huerto,
Gaia
y el bebé con el body de tie dye
están allí,
junto a tu sonrisa y tus ojos azules.
No me dejes jamás,
te lo ruego.
Siempre tuya, Scarlett.
Comentarios
Publicar un comentario