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Benditos sean los hombres que incluyen la facilidad para olvidarlos.

Dedicado a aquellos hombre que amé y ya no amo, 
y que al olvidarlos entendí que aún no he amado de verdad.



Hemos considerado el "verdadero amor" a sólo aquellos que nos siguen enredados en las fibras del alma. Porque todo lo que se nos arrebata crea más deseo y nos ubica en un limbo donde la desesperación nos consume, convirtiéndonos en adictos que necesitan de otra dosis. Sólo por el capricho de no sentirnos satisfechos y de que si no somos quienes sacian hasta aborrecer, no podemos estar listos para dejar ir, siempre hasta el extremo.
Pero hay quienes encuentras en el camino que funcionan como probadas para calmar el hambre de amar; puedes experimentar los deseos que necesites hasta cansarte y, como las muestras, duran poco, pero terminan por ser seres benditos porque incluyen en ellos la facilidad para olvidarlos, como ese café que olfateas para poder disfrutar del aroma de otro perfume sin sentir rastros del anterior.
He descubierto que sin importar la razón por la que estos amores dejan de serlo, el hecho de que decidan ser ellos los que se marchen y el tener que verlos partir, me hace pensar que sucumbiré ante el dolor, pero terminan por ser completamente fáciles de olvidar. Porque funciona exactamente así: cuando decido marcharme queda la incertidumbre de qué pudo ocurrir, el necesitar más, pero cuando sucede lo contrario deja de importarme, como si la motivación para estos caminos cortos sea el desafiarme. También han sido amores que han retado mi capacidad de tolerancia, herramienta que agradezco pues me han convertido en una persona más experta emocionalmente.
Pero así como funciono de esta manera ellos también, por eso siempre terminan volviendo a buscar oportunidades que dejaron perder, porque la desesperación de "otra dosis" los consume y los invita a arrepentirse. Acuden a mí cansados de buscar lo que allá fuera no terminó por asemejarse a lo que una vez les entregué. A algunos los he invitado a pasar y se han ido de nuevo al entender que las oportunidades no son infinitas y que jamás podrán sentirse igual de amados, pues eso implicaría el que yo sea la misma persona que los hizo regresar pero mis evoluciones son mayores y ante el impacto de encontrarse con su droga mejorada, entienden que no son dignos de ella. 
Bendito aquel hombre que entre las demostraciones más espectaculares de amor que he podido llegar a tener, me hizo huir de sus brazos por tanto amor que no sabía cómo corresponder, sumergiéndome en el temor ante su posesión; anhelaba tanto que fuera suya que ni la violencia pudo mantenerme allí. Pero logró que no dudara en caer en el amor de otro más joven que me enseñó cómo la inocencia puede convertirse en la trampa más fácil, no recuerdo haber amado a otra persona como a él, donde la desesperación y los impulsos eran las riendas y mi razonamiento estaba tan escondido que cuando decidí usarlo era demasiado tarde. La única persona que me ha hecho regresar tanto a buscar más dosis y que pensé que jamás olvidaría, cuando hoy es mi comparación de límites. Cuando lo vi regresar quise que se quedará, pero entendí que si ya lo había olvidado, muy difícilmente podría amarlo tranquilamente otra vez.
Bendito aquel que vestía todo el deseo que había ido construyendo en mi cabeza y que cumplía a la perfección el old man que tanto anhelaba y que terminó apartándome en un parpadeo de todos sus vicios, obsesiones y malas vidas, dejándome con la desesperación de querer más, pero que terminé olvidándolo tan fácilmente como llegó. Orgullosa de verlo regresar cada vez que recuerda que no debió dejarme ir, y más orgullosa de mí por impedirle entrar de nuevo.
Bendito aquel que me enseñó lo que era realmente un orgasmo la primera vez que decidí enamorarme de él y que terminó por partir el corazón de la Scarlett adolescente, la única persona y la primera que aprendí a olvidar y que regresó cinco años después a intentar completar lo que extrañó durante todo ese tiempo. Y que al marcharse sólo me dejó una hora de dolor y un camino nuevo para esculpir tantas experiencias en aprendizaje y que hoy ha regresado por la misma razón que todos mis hombres benditos han vuelto: porque me necesitan.
Y benditos a todos aquellos hombres que ni siquiera están en estas letras, pues son tan fáciles de olvidar que ni dejaron un recuerdo para mantenerlos vivos. 


Con amor, Scarlett.


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