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Sobre lo que he aprendido.

El último fragmento de mi diario. 


No sé muchas cosas a mis 21 años, ni siquiera tengo tarjeta de crédito, pero quisiera pensar que he aprendido lo básico para sobrevivir en un mundo que cada vez va más rápido; donde un día estás enamorado y otro estás con el corazón roto.
No puedes detener el tiempo y no importa cuánto grites al espejo, no podrás borrar tus errores, así que no queda más que amarlos y comenzar otra vez. Tampoco puedes quedarte para siempre en una época, por lo que cuando comienzas en una relación y todo es perfecto, es mejor que lo disfrutes sin cuestionarlo porque cuando esos días ya no estén, deberás enfrentar lo tiempos duros y éstos son los que definirán si la relación en la que te encuentras se mantendrá o no.
Quizás pienses que ahora lo tengo fácil porque aquellos tiempos donde los desequilibrios emocionales me agobiaban ya han sido domados, pero en cualquier momento puede todo desamarse, lo he aprendido cuando más me ha dolido y cuando más preparada he creído estarlo, de hecho, ha intentado suceder algunas veces. Por eso puedo decirte que nunca será demasiado difícil para otorgarte otra oportunidad, ni será demasiado fácil como para creer que ese es el momento. Las cosas no mejorarán con el tiempo, eso sólo depende de ti, el tiempo es sólo un factor que te permite la ventaja de trabajar en ello. No existe -y lamento decirlo- fórmula perfecta, aunque pensé tenerla hace unos meses en base a mis experiencias, pero fue cuando la llevé a la práctica que comprendí que estaba equivocada. No importan las semejanzas o las oposiciones, sino cómo ayudan a conectarte las cualidades. Porque puedes tener, a lo que tu concepto se refiere, la persona adecuada para ti, pero nada de eso sirve si no funcionan juntos. Si sus cuerpos hacen más que el amor, hacen alma, mundo, universo, entonces entiendes que sí, puedes encontrar a alguien igual de intelectual que tú, pero no significa que existirá esa conexión mental con la que no sólo las conversaciones estarán sino que las horas transcurren y ellas no cesan, al igual las sensaciones, las miradas, caricias, que van más allá del verse, porque incluso en la distancia existe. Y puedes tener una relación donde ambos lean juntos, pero eso no se compara cuando lo que lees es la mente de una persona y leen la tuya, te preguntas cómo pueden conocer tanto de ti sin siquiera peguntar nada, sólo te atraviesan. Pueden amar u odiar las mismas cosas, pero nada se compara cuando pueden o puedes aprender a amar las cosas más básicas, porque lo haces en compañía de alguien que sólo te disfruta, que duerme cada noche, pero que ama y siente la diferencias de que al dormir contigo los sueños no son tan importantes porque si te despiertas a media noche alguien estará allí para ponerte a dormir. 

Las discusiones siempre estarán, no puedes escapar de ellas, ni porque la persona que conozcas sea tan igual a ti, lo importante es hablar desde el amor, para que los gritos no se formen en tu voz y las malas palabras no se asomen en tu cabeza. Hablar desde el amor para que puedas ser lo más dulce, para que se resuelvan los malentendidos con besos y abrazos. Me cuesta creer que esta conclusión sea mía y más aún que sea posible, pero lo es, ya fui testigo de ello y la escena de un sillón, dos personas abrazadas que resolvían un problema no entraba en mi forma de resolver un caos, pero lo fue. También fui testigo de malentendidos que no lograron resolverse en disputas de perspectivas y opiniones. A veces el decir lo que se piensa estando molesto puede ser el peor de los enemigos, porque al calmarte puedes darte cuenta de que no sentías ni la mitad de lo que expresaste. Así como también debes entender que no sirve de nada si no admites tu error, eso te permitirá perdonarte, que te perdonen y que el otro también emplee su disculpa. El orgullo no debe existir en una relación, es absurdo, porque sólo se extenderá el problema y jamás resolverán nada. Debes mostrar tu debilidad y permitirle al otro hacerlo, no para hacer evidente tu fuerza, sino para ser débiles los dos y así amar desde la pureza, no desde el dominio. 

A veces necesitas volar para extrañar tu tierra, para reconocer que allí es donde perteneces, por ello regresas y lo haces con amor, incluso más enamorado que nunca. Te das cuenta de lo grandiosa que es esa persona cuando la alejas de todas las inseguridades que no te dejaban amarla con paz. Y puedes notar que el amor es lo único que fluye y que de allí proviene tu felicidad y tu enamoramiento. Pero no se trata de una ilusión, sino de crecimiento y madurez, demostrando que el amor lo vence todo sólo cuando dos personas se aman y están destinadas a ser porque se suceden una y otra vez, pero más allá de ello, se suceden porque así lo desean. Sí, quizás en el mundo hay cosas grandiosas, más hermosas y divertidas, pero cuando nada de ello se compara a la grandeza de un universo dentro de un alma, de esa que parece calzar tan fácil con la tuya, es cuando comprendes que sólo los que son valientes hacen de aquellos obstáculos que los impiden estar juntos nuevas oportunidades para estarlo.

Con amor, Scarlett.

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