No todos son valientes al momento de amar a alguien más que no sea a sí mismo, no todos reconocemos el miedo cuando está frente a nosotros manifestándose como una equivocación o un mensaje tergiversado. Así como a veces se necesitan más de dos manos para preparar la comida, se necesitan otra dos manos para crear un sentimiento. No todos han despojado de barrotes el corazón ni se han escapado de las voces terceras para dedicarse a escuchar sólo su propia consciencia, o han decidido hacer un pacto para sólo permitirle a los sentimientos nacer con naturaleza.
No por el hecho de comenzar a crear una luz juntos implica que ambos la mantendrán encendida de la misma manera. Solemos cometer el error de creer que sentir es un solo idioma y que cuando nuestras caricias no son semejantes son inexistentes. Cuando se trata de expresiones sentimentales debemos observar desde todas las perspectivas, porque a veces un beso no es solo un beso, es una galaxia cargada de palabras que simplemente no pueden expresarse de otra manera.
No podemos amar bajo las fórmulas de otros ni sobre la comparación, ni siquiera sobre las propias, porque cada persona es un universo que aunque se nos asemeja en tantas cosas, no existen límites ni verdades absolutas cuando se trata de querer.
A veces lo desconocido se nos hace tan cercano porque nos enseña desde perspectivas diferentes cómo podemos renovarnos. No conozco, actualmente, algo más hermoso que querer desde lo diferente, que sin abandonar lo que soy puedo recibir desde otro panorama, totalmente distinto, muestras de cariño que, si bien no serán las mismas a las mías, en materia será lo mismo: amor.
Dejé de soñar con prototipos y comencé a soñar con sentimientos y escenas construidas a base del compartimiento. Porque no quiero que alguien llegue a quererme como yo lo hago, sólo quiero que alguien llegue a quererme con todo lo que lo compone, sin necesidad de imitar, de forma natural.
No quiero encarcelarme o dejar de ser tan apasionada para evitar que me rompan el corazón, y mucho menos callar las cosas que puedo estar sintiendo por temor a no ser correspondida. Ahora sólo sé ser quien soy y así mismo quiero aceptar a alguien tal cual es. Porque lo que vale son las diferencias construyendo algo incomparable.
Cuando comencé a aceptar sin cuestionar y a otorgar sin exigir respuestas fue cuando comprendí lo feliz que puedo verme entre mi naturalidad y la de otro ser. Ya no pienso en el futuro ni en las reglas, sólo me estoy dedicando a sentir.
Comentarios
Publicar un comentario