No existe ninguna contrariedad a que ustedes deseen apaciguarse por el camino de las maldades, la deshonestidad y las imbecilidades, para nada, de hecho, nosotras las féminas hemos cambiado la historia para que ustedes, homos sacer, sean unos desgraciados que hacen mal parar la educación de sus madres.
Ya no tenemos el matrimonio como condición al sexo candente, ni dejamos la lencería guardada en las últimas gavetas por pudor; ya no creemos en el no sexo en la primera cita y nos despojamos de la moralidad cuando de posturas eróticas se trata. No estamos en contra del porno y cada vez somos menos cuaimas.
El disgusto radica en que desearíamos que se tomaran la sutil molestia de ser unos hijos de puta desde el primer momento que le conocemos, desde el primer "Hola, ¿qué tal?", desde la primera conversación profunda. No esperen a que perdamos nuestro valioso tiempo al encontrarnos con las cagadas que nos lanzan. Si tan solo comenzaran a usar más el rostro de idiotas que cargan desde la pubertad en vez de esconderlo bajo máscaras de niños prodigios y encantadores, caballerosos e interesados por el bien femenino, entonces nosotras podríamos tomar la libertad de decidir si queremos estar o no con unos imbéciles.
¿Cuál es el motivo de tan gran hipocresía? Si a veces sólo desean pasar la vida fornicando con cualquier coño rancio que se les presente con facilidad, háganlo, de verdad, pero no se lancen al equipo de las chicas buenas y aparenten ser lo que no son. Si usted es un idiota y quiere que una chica le brinde lo que busca propóngaselo y lleve o no sus tablas en la cabeza como buen idiota, pero no se me insinúe como ángel bondadoso cuando detrás comanda un navío de malditos en potencia.
No me le vengan a hablar a las niñas de cosas buenas cuando sólo quieren que se porten mal con ustedes, ni vayan por el mundo con sus escopetas penestilísticas golpeando a cual mujer vean y no construyan una preciosa identidad de la que no conocen. Porque hay muchas chicas que no saben cuándo están siendo dramáticas y cuando se están juntado con un idiota como ustedes, por la misma situación de que me le han creado a las muchachas unas leyes histéricas donde, para intentar huir, se las creen todas y se aguantan cualquier albedrío masculino, carroñeros.
Váyanse a la mismísima mierda, vayan haciendo tiempo y me agarran camino, me dicen que allá hay una que otra fémina que se asemeja a la bajeza que poseen, de esas que lo ofrecen todo pero ya no tienen nada. Acérquense por allá y si les gusta el panorama no se me regresen y si no les agrada tampoco. Pero no me sigan jodiendo la generación, porque hay muchos hombres allá afuera a los que sus reputaciones se les ha saltao'.
Vengan y les digo una gran perogrullada: las chicas malas no saben ser buenas y las chicas buenas, en cambio, saben hacerlo todo bien: saben cuándo, con quién y cómo portarse mal con quien lo merece. Y lo que es mejor, saben detectar a los imbéciles.
Con amor, Scarlett.
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