A ti, que estás del otro lado, descifrando cada movimiento como un físico cuántico, que conversas contigo durante horas para intentar comprender el enigma que tienes de amorío. A ti que no sabes si arriesgarte, que la confianza la tienes arrastras y que justo cuando comienzas a aceptar que esta vez estás ganando te sucede lo terrible.
Sorprende, realmente sorprende, como puedes dormir con una sonrisa y la noche siguiente inundarte el alma y la almohada. Y no te pido que insistas, tampoco que desistas, porque ni yo misma puedo enseñarte qué hacer con esa incertidumbre.
Porque el ser humano es otro, no eres tú, esperar lo mismo que sientes de ellos es condenarte a la desesperación. Y lo que para ti resulta ser una conexión para otros es natural, para lo que a ti resulta ser armonioso para otros es costumbre. Y sé que hay detalles, lo sé, sé que te habló de cierta forma, sé que hizo ciertas cosas que te robaron los pensamientos. Y te preguntas, sé que te preguntas, por qué te entregan partes y otras las esconden, por qué te hacen dar vueltas hasta decidirte y luego sólo te dejan ir entre la multitud.
Y yo quisiera decirte por qué sucede, pero no tengo idea de por qué saben meterse entre tus pensamientos, decir y hacer lo que nadie ha hecho y luego simplemente dejar de existir. Y luego insistes, entre la esperanza de una incertidumbre que te impulsa, insistes, pero comienzas a sentir como esas señales equívocas te sucumben ante un único mensaje. Pero no te vas, te quedas allí esperando otro detalle que te haga no rendirte, porque como yo sabes que esa atracción tan épica no llega cada verano.
Pero a veces las personas tienen tanto miedo a estar solos que no se quedan y tampoco se van. Te dejan ir pero a medias, porque te necesitan para no adentrarse en sí mismos, porque les hace falta la esperanza de un amor efímero, ese que no te llena pero tampoco te hacen hacer frente a la soledad. Y te marean, bastante que marean, se acercan a ti pero no te tocan, te tienen más miedo de lo que tú a ellos, porque sabes que sientes y al darte cuenta de que ellos probablemente no, puedes dejarlos, abandonarlos en medio de todo.
Y todo lo repasas, tus palabras, las suyas, hasta encontrar el vínculo exacto a la verdad, pero no la encuentras y no la encontrarás. Pero debes entender que a veces somos la parada previa al destino y lo que para ti resulta incomparable, para otros es lo común haciendo eco una vez más. No, posiblemente no eres la única, no, posiblemente estés equivocada, sí. No lo sé. Pero de algo estoy segura:sólo tú puedes acabar con esto
Una mirada que fue mentira, una caricia pequeña que quedo guardada, unas manos sudadas que te acompañaban a casa, una conversación divertida. A veces debemos hacer de todo un recuerdo y renunciar, porque quien quiere estar, está, ¿verdad?
Con amor, Scarlett.
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