Que sé cuando quieres decir algo, pero simplemente te callas, me abrazas fuerte, a veces suspiras, o a veces sólo te acercas tanto, como buscando que estemos tan conectados que mi mente pueda escuchar tu silencio. Porque aunque podemos hablar sin parar de cualquier estupidez, cuando llega la noche, cuando no existe nadie más, nos miramos, me tocas el rostro y todo se apaga. Siempre termino diciendo una de mis cosas, porque me cuesta llevar tanto sentimiento dentro, a veces sólo puedo morderte, porque hay cosas que necesitan de tanta fuerza para decirlas, que el valor no me alcanza: entre verte, tenerte y sentirte, se me derrite el alma. Te odio por eso.
Que no sabes lo que causas cuando me levantas el cabello y besas justo donde mis nervios comienzan, no sabes todo lo que necesito para sostener los gemidos, que me cuesta mirarte a la cara cuando me hundes, porque sé que vas a encontrarme indefensa, enamorada y entregada. A veces simplemente creo que tu cuerpo sólo conoce al mío, me tienes jodida.
Y tu cabello suelto se vuelve almohada cuando quiero dormir sobre tu espalda. Cuando me despierto y allí estás, no puedo soportar esa nariz tan perfilada y esos labios envueltos en barba, necesito quedarme mirando tu rostro para poder extrañarte lo suficiente y volverme a dormir.
Sé, sí sé, que te preocupas, sé que me cuidas, sé que parece que no entiendo, sé que te saco de quicio, sé que te desespero, y sé que quizás por eso me quieras un poco más. Pero no te he dicho que me siento segura cuando estoy contigo y que simplemente creamos un espacio tan sublime que mi comodidad es eterna.
Que quizás no me había sentido tan tranquila jamás y que jamás había roto tantas reglas, que jamás me sentí tan natural y que podía fluir con el momento, sin sentir ansiedad de lo que viene. Qué mal me caes.
Sé que no me pides nada, sé que te guardas mucho, sé que piensas más en mi bienestar que en el nosotros, sé que quieres para mí lo mejor, sé que te molestan mis caricias cuando duermes, sé que te molestan las caricias en general. Sé que debo dejar de pensar tanto, sé que debo apreciar más, sé que debo dejar tanta negatividad. Sé que eres distinto y que no te le pareces a nadie.
No eres pasajero para mí, viajero, irónicamente no lo eres, de serlo no te quedaras, de serlo sólo no te sintiera. Y que ya no quiero seguir escribiendo lo que siento, quiero salir a vivir contigo todo lo que tengamos que vivir.
Y puede que a veces no me entiendas, y puede que a veces no te comprenda, pero cuando llegue la noche y tu dedo me acaricie la boca y tus ojos verdes me vean en silencio, todo lo demás no importará, salvo tus palabras escondidas en abrazos, salvo nuestros pactos, salvo esta maldita romántica en la que me conviertes, salvo lo que quiero decirte y digo, salvo lo que piensas y lo dices con un beso en la frente, salvo este hogar.
Con amor, Scarlett.
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