Parece que nadie nos habla de nuestra naturaleza, quizás no quieren que la conozcamos, incluso cuando se asoma en alguna actitud, en algún enfrentamiento contra lo corriente, nos callan, nos enseñan que eso está mal.
"No juegues así en la arena, te ensuciarás la ropa", " no dibujes en esa pared. Prohibido pintar en la casa", "basta de cantar, quédate callado", "ve a dormir, deja ese cuaderno y ese lápiz", "para ya con ese instrumento, sólo haces ruido."
Lo que fuimos formando de la vida nos lo han ido cambiando, en lo que creímos alguna vez nos lo han ido modificando porque "no es correcto". Nos han decretado nuestras ideologías, nos han definido la maldad, la bondad, la normalidad, y si nos escapamos de esos parámetros podemos, incluso, ser rechazados.
Nadie nos enseña que debemos encontrar el camino que nos permita ser felices, porque en primer lugar nadie nos habla de la felicidad, sólo de la estabilidad económica; del buen trabajo que debemos tener, la gran carrera universitaria que nos convertirá en la persona más exitosa, de los buenos padres que debemos ser. Si te atreves a preguntar cómo seremos felices entonces te señalan esos elementos anteriores, porque tal vez ellos tampoco entienden de qué va la vida y sólo están siguiendo los mandatos de alguien más. Y sé que muchas personas en el mundo realmente son felices de esa manera, pero existen quienes desean buscar escalones distintos y eso debe entenderlo el mundo.
He conocido personas que aman la música, que sólo existen si la pasión que por ella sienten está presente, pero la hacen a un lado para estudiar una carrera por largos años que jamás ejercerán, sólo porque "debo llevarle un título a mi padre" o porque "debo ser alguien en la vida". Nos presionan, nos imponen que nuestras vocaciones y utilidad en la vida sólo se encuentra en un título universitario. Y los que no han encontrado su utilidad en el mundo en base a una carrera universitaria, ¿ellos no existen para el mundo? "Hay que graduarse primero y luego hacer todo lo que quieras hacer", he escuchado, ¡cuánta crueldad! Hay quienes realmente ejercen todos los pasos y luego se dedican a lo que aman pero nunca he conocido al primero que no se arrepienta de ese tiempo perdido, ni al primero que no esté cansado de escuchar "ese título de adorno, ve y trabájalo."
Si mi felicidad no se encuentra detrás de un escritorio quiero poder decirlo y hacerlo. Si mi felicidad está en otro lado del mundo y quiero poder decirlo y hacerlo. Si mi felicidad no será un esposo, hijos o los grandes millones en la cuenta, quiero poder decidirlo. Y si la naturalidad de mis deseos, de mis impulsos y de mis sueños no me permiten seguir la rutina del ciclo vital corriente, ¿debo oponerme contra ella?
¿Debo estar en contra de mí porque otros me aseguran que de no hacerlo no seré feliz? ¿Por qué otros deben definirme la vida, es que realmente termina por no ser nuestra?
Con amor, Scarlett.
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