Todo radica en quién pueda mudarse al alma, no a las sábanas, aunque sigas intentando llegar al corazón por los labios equivocados.
La carne siempre debe llegar a mis dientes, no planificarle cacería. Puedes sentirte un ganador si estás rompiéndome las bragas, pero si tu meta es más que esta noche, entonces ya has perdido. No creo en la mojigatería aunque puedo usarla a mi favor, no te confíes.
No todos pueden encontrar los trazos correctos en una piel, es un mismo cuerpo pero las direcciones varían como en los laberintos. No pienses que si ya llegaste a la montaña es el fin del refrán y tampoco creas que vas a probar hasta lo desconocido; sin antes conocerme ya sabía para qué iba a necesitarte.
Y si existe un cuerpo con los patrones apropiados para construir la belleza de dos gritos silenciosos, es suficiente para satisfacer mis caprichos sexuales momentáneos. Algunos entran como amigos, par de salidas para hacernos los educados y luego será irrelevante si la llamada entrante es un café o mis piernas. Otros deben conformarse con obtener mis perversiones sin emitir juicios, y esos son los mismos que jamás me han visto al despertar.
La amistad suele asomarse delicadamente pero si no conoces más que mis lunares, es posible que pueda desparecer en un segundo de tu vida.
Pero todo cambia cuando es el alma la que perforan, cuando las pupilas que me observan son capaces de desnudarme sin sentir una de sus palmas.
Cuando me esbozan la sonrisa antes de la imaginación lujuriosa escondo la mirada y desempolvo las conversaciones largas. Te presento la biblioteca antes que la cama y te acompaño durante el día; entro a tu vida antes que en tu alcoba. Puedo estar convertida en río, cariño, pero sólo si eres lo suficientemente desgarrador, sólo en ese momento puedo convertirme en una cazadora, aunque lleve perfectamente el disfraz de presa.
Con amor, Scarlett.
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